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La forma de funcionar de las secadoras es la siguiente: aspiran el aire de la habitación donde están colocadas, lo calientan y lo inyectan en el tambor donde está girando la colada para extraer la humedad de la misma. Según cómo expulsen la humedad de la ropa, distinguimos dos tipos de secadora: la de evacuación y la de condensación.
Las secadoras de evacuación expulsan el aire caliente generado durante el proceso de secado a través de un tubo. Éste tubo tendremos que colocarlo en una ventana o en un orificio en la pared, para que el aire caliente salga al exterior de la vivienda. Aquí tenemos el principal inconveniente de estas secadoras. Pero este tipo de sistema tiene la ventaja del precio, que es inferior a las secadoras de condensación.
La longitud máxima del tubo de extracción nunca debe exceder los dos metros (aproximadamente), para prevenir una eventual condensación del vapor en el propio tubo de salida. Existen dos tipos de secadoras de evacuación: electrónicas y mecánicas. Las primeras son más fáciles de utilizar ya que determinan la temperatura y la duración del secado según los resultados que queramos obtener.
Las secadoras de condensación pueden instalarse en cualquier parte, ya que no expulsan la humedad hacia el exterior. El vapor de aire del electrodoméstico se condensa al entrar en contacto con el aire frío del condensador. Lo único de lo que tendremos que preocuparnos es de vaciar el depósito en el que se acumula el agua de la condensación. Estas secadoras son bastante más caras que las de evacuación, pero ganamos en comodidad.
Además de la comodidad, hay algún otro aspecto que distingue a estos dos tipos de secadoras. Uno de ellos es el consumo energético. Las secadoras de condensación consumen menos que las de evacuación. Además, el calor que desprenden también es menor y su eficacia de secado es bastante superior respecto a las de evaporación.
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